
Detrás del suyo, a su vez, han quedado muchos otros, incluido un plato del mismísimo Ferrán Adriá (El Bulli).
comidillas y comederos para sobrevivir a la vida moderna



os más encantadores en los que haya estado en Madrid. La Galette. Todavía con la morriña parisina haciendo mella en mí, encontrar un lugar así, es la leche. Ambiente francés por los cuatro costados; una carta inmensa llena de quiches, tartas, pescados y vinos; decoración recargada y un ambiente bohemio fascinante. La Galette debe ser increíble para ir a cenar, pero para desconectar de todo durante hora y media al mediodía, con rollo velitas incluido, nos vale.
Suele pasar que las segundas veces que repetimos en uno de esos sitios que nos enamoran, defrauden. La memoria es lo que tiene, que es caprichosa y con tendencia a mimar nuestros recuerdos. Es por eso que, muchas veces, esas cenas que simplemente recordamos con cariño pasan en pocos meses (y si no volvemos al sitio en cuestión) a convertirse en veladas maravillosas y cuando volvemos, llega la decepción. Pero pasa también que a veces la regla general falla, y esos son los sitios que hay que conocer. The Modern no defraudó.
Hay que decir que en este caso el recuerdo tampoco era de los mejores, pero sí de sitio sorprendente. The Modern nos sorprendió porque esperábamos muy poco de él: por su apariencia fashion, su ubicación en plena esquina de la plaza de Vázquez de Mella y, sobre todo, su carta al más puro estilo de esos engañosos garitos de Barna de precios superajustados en restaurantes preciosos y comida terrible (algún día hablaremos de esta cadena). Sin embargo, aquella noche, decidimos entrar, y no nos equivocamos.
The Modern va de moderno, pero sus camareros huyen de imposturas y resultan encantadores de verdad. De verdad. Sus platos, aun con nombres que te hacen pensar en porciones ridículas, huyen de lo sutil y son contundentes y sí, ricos. Por supuesto, todo esto no llamaría la atención si los preciosos no fuesen taaaan ajustados. Y así, por apenas 12 euros puedes cenar un arroz negro o una fideuá de marisco estupendas, de esas que te enseñan en su correspondiente paellera antes de servirte, al estilo levante.
Lo peor, también hay que decirlo, es el vino, una carta mas que escasa a la que siempre faltan algunas de las referencias anunciadas. Una pena. En todo caso, ayer (y tras varias de nuestras peticiones denegadas) pudimos finalmente cenar con un vino de la casa (tempranillo, cabernet y Merlot) que si bien resultó un poco duro al principio acompañó más que correctamente a nuestros arroces.
En definitiva, una opción más que atractiva para esos jueves o viernes antes de
The Modern Dining Room
Calle del Clavel, 6
915239275

Si hay una ruta gastronómica que nos gusta y nos divierte y nos permitimos siempre que venimos a Galicia, esa es, sin duda, la que forman algunos bares escogidos de dos pueblos de la ría de Ferrol, Ares y Mugardos.
Estos dos pueblos norteños, cercanos y asequibles esconden algunos de los rincones donde degustar el mejor marisco y pescado en la zona. Algunos de sobra conocidos, otros casi un secreto. En ambos casos, nunca está de más recordarlos y que no haya duda de dónde debemos dejarnos caer cada vez que visitemos estos recónditos parajes al norte del norte.
ARES

Si empezamos en Ares lo primero será tomarnos unos vinos en la de Picas. Un bar trágica y recientemente reubicado debido a la frenética y patética actividad urbanística de la zona, pero que no ha perdido ni pizca de encanto, gracias principalmente al propio Picas, personaje imprescindible del pueblo. Un grande. En Picas se bebe Illó, siempre. Y se bebe mucho.
Más vinos los encontramos también en la de Marisa (con unas tapas increíbles) y Pichi (otro de los grandes).
Pero no es ahí donde se come, para eso lo mejor es moverse hasta la de Elena, posiblemente el mejor restaurante del pueblo en estos momentos. La de Elena es un pequeño local llamado desafortunadamente Ave Turuta, escasamente decorado y con apenas cinco mesas, pero resulta difícil, por no decir imposible, encontrar un restaurante con mejor materia prima y una elaboración más cuidada que la de la propia Elena. Por no hablar de la carta de vinos que, a pesar de no ser nada del otro mundo, resulta sorprendente para un restaurante de estas características y con esta ubicación. Dedicación, que es de lo que se trata. Y no es barato, no, pero si vienes de Madrid, no te creerás estos precios a cambio de esta calidad.
MUGARDOS

Si Ares es paraíso de vinos y picoteo, Mugardos no se queda atrás. Aunque aquí el verdadero reclamo es otro, el de La Posada del Mar, quizás el mejor restaurante de la zona. Porque la Posada no sólo cuida la materia prima, la elaboración y los vinos, además mima también la decoración (cuidadosamente descuidada) y el ambiente marinero. La Posada del Mar es un lugar donde relajarse, comer Bogavante, salpicón de rape y beber hasta el final del verano. Un lugar de referencia, sin importar la estación.
Pero también ocurre muchas veces que no encontramos sitio... y no pasa nada. Porque Mugardos es la Posada del mar, pero también el Muelle 43, Pulpería Chipi... Sobre todo, la Pulpería Chipi, un lugar donde ir de tapas y ya no poder volver a comer más hasta la mañana siguiente.
Todos ellos merecen una visita, porque todos ellos son lugares donde se toma en serio la materia prima, la elaboración, el arte del buen comer. Que no es algo que se pueda decir mucho en estos días. En una época dominada por cartas de tamaño bíblico y nombres de menús que alcanzan las cuatro líneas, resulta increíblemente sano y conciliador volver a los orígenes de las cosas por su nombre. Que los chocos de la ría, al fin y al cabo, nunca dejarán de ser chocos de la ría, por mucha reducción del carajo que les pongan.


