domingo, 9 de noviembre de 2008

EL CHINO: JING JING



Si alguien me hubiese dicho alguna vez que iba a acabar celebrando mi cumpleaños en un chino lo hubiese tomado por loco. Creo que solo lo había hecho una vez, allá por los 16, y porque era una invitación de mi novio del instituto (me hubiese ido hasta a una parrillada argentina). Aquella noche me llevó a ese chino de la calle Rosalía de Castro de Santiago de Compostela que más tarde se haría famoso por algún escándalo de esos que tan poco se dan en nuestra ciudad y tanto nos divierten. Y aunque la noche resultó perfecta, o así es como la recuerdo ahora, lo cierto es que no me quedaron ganas de repetir la experiencia de los chinos. Hasta este viernes.


Creo que fue el chico de la habitación el primero en hablarme del Jing Jing. En esa época en la que lo que decía resultaba importante, fue una revelación para mí oír hablar de un chino ‘para chinos’, de un chino diferente y especial que, además, se encontraba en LA calle. Más tarde fueron Manu y Javi los que insistieron: “El Rey del Tallarín no mola, el que mola es el de más arriba”…


Y me convencieron claro, y fue el día de la pinchada cuando decidimos ir, y fue desde aquel día que se ha convertido en mi restaurante fetiche de Madrid. Hasta el punto de haber decidido celebrar allí (una vez más) mi 26 cumpleaños.


El Jing Jing es diferente. Diferente por su ambiente, creado partir de una mezcla de chinos, musiquillos ‘indies (esa palabra) y fieles del Fototomatón (‘esa gente’).


Es diferente por su carta, eterna y tan (tan, tan) barata. Porque pedirse un platazo de tallarines con verduras que te permite afrontar toda una noche de viernes por 3 euros puede sonar incluso mal, pero sólo si no los has probado.


Es diferente por el servicio. Una familia de chinos encantadores (y creo que son unos cuantos los que conocen mi opinión general sobre los chinos) que parece que no se enteran de nada pero se enteran de todo.


Es diferente porque sirven vino blanco, Diamante. Un vino difícil, malo incluso, pero perfecto como acompañante de setas con bambú, de arroz con curry, o frito con huevo o... Un vino sólo aceptable en el Jing Jing.


Es un chino diferente. Y para quien aun no lo haya probado, revelaré sólo aquí, el que por el momento es el mejor plan de jueves posible. Chino y Foto. Tan sencillo como suena. Un secreto que a muy pocos, nos hace muy felices, muchos jueves.