
En fin, que desesperadita estaba después de haber probado los mil y un antros de pinchos, menús del día y ensaladas de la zona, con precios desorbitados y comida (y ambiente) de lo peor, cuando me topé con uno de los siti
os más encantadores en los que haya estado en Madrid. La Galette. Todavía con la morriña parisina haciendo mella en mí, encontrar un lugar así, es la leche. Ambiente francés por los cuatro costados; una carta inmensa llena de quiches, tartas, pescados y vinos; decoración recargada y un ambiente bohemio fascinante. La Galette debe ser increíble para ir a cenar, pero para desconectar de todo durante hora y media al mediodía, con rollo velitas incluido, nos vale. La carta, ya lo he dicho, es bastante amplia, pero además cuenta con tres menús del día super completos, dos de ellos (casi siempre vegetarianos) por 11 euros y pico y el otro (más cárnico) por 14 y pico. No está nada mal.
Por poner una pega diremos que son lentos a rabiar, algo que no suele molestarme nunca excepto cuando me ponen una reunión para las 15.30. Ah! bueno, también te puede pasar lo que a mí y que te toque Marisa Jara en la mesa de al lado pidiéndose zumos vitamínicos y la sopa de cebolla, mientras tú optas por la tarta de calabacín (buenísima!) y la media de vino... nadie es perfecto oye.
