jueves, 31 de julio de 2008

ÉBOLI'S



Nos vamos de retiro norteño, a disfrutar de la costa, el pescadito fresco y los buenos vinos blancos a la brisa del mar... pero no podemos abandonar esta temporada madrileña sin antes dedicar unas palabras a uno de los grandes descubrimientos culinarios de este año, en cuanto a comidas de reurrección (léase pre-resaca) se refiere. A ese lugar que, sin llegar a ser un bar, ni una cafetería, ni un after, ni un pub, es todas esas cosas a la vez... Nos referimos, por supuesto, al Éboli, ese céntrico pero recóndito tugurio donde tantas mañanas hemos compartido (los mejores) pinchos de tortilla y (las últimas) cervezas con viejos y nuevos compañeros de nocturnidades y mañaneos.

No resulta ninguna novedad aclarar a estas alturas cuán importantes son las comidas de resurrección, es decir, aquellas que después de una larga e intensa noche nos permitimos antes de ir a dormir y nos salvan la vida al día siguiente, suavizando una resaca que se prometía mucho peor... Y sin embargo, son comidas a las que no solemos prestar demasiada atención, normalmente por razones obvias, cuando en realidad deberían ser extremadamente cuidadas.

Pues bien, una buena opción cuando al llegar a casa no nos apetece cocinar nada demasiado elaborado (algún día hablaremos de las mejores recetas en estos casos) es conocer algún antro-paraíso culinario como el Éboli.

Porque Ébolis hay en cada ciudad del mundo. El Éboli sólo es ese sitio casi clandestino pero serio donde sabes que siempre encontrarás algún amigo perdido y nuevas caras que acabarán siendo viejas. Ese sitio un poco sucio pero acogedor donde uno no necesita música y donde ver amanecer nunca es tan trágico. Ese dónde los camareros no te miran con pena y te sirven amables y sin perder la compostura deliciosos pinchos de tortilla y cervezas com un menú del día más. Ese que siempre está abierto cuando más lo necesitas, ese del que, en el fondo, siempre nos acaban echando porque saben que es ese sitio al que siempre acabamos volviendo...

El Éboli es ese sitio al que, cuando te vas de vacaciones, echas de menos. Ese al que, antes de irte ya estás volviendo.

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