
'Un funeral es un acto social' es la frase más acertada que he escuchado en mucho tiempo (al margen del titular de esta mañana en el avión ' Radiohead es el grupo que gusta a todo el mundo pero nadie escucha'... genial).
Pero volviendo a los funerales.. esos actos sociales que desde tiempos inmemoriables reúnen a vecinos, amigos, conocidos e incluso viejos enemigos para hablar de lo divino y lo humano. Casi siempre de lo humano. Pero también, para comer y beber.
Desconozco las tradiciones de otros pueblos o países, pero en la aldea gallega un funeral no es muy distinto de una boda, bautizo o comunión. Con la ventaja de que siempre estás invitado. Eso sí, desde que la frialdad de los tanatorios conquistó hasta el rincón más inhóspito de nuestra tierra, aquella tradición de recibir a vecinos (...) en casa con alguna cosita para comer se ha perdido y ahora, como mucho, nos atrevemos con un quinto en la cafetería.
Es una pena. Aunque bien mirado, quizás mejor haber reducido esas reuniones a pequeños encuentros con la gente de verdad importa, esos con los que poder hablar de lo divino y lo humano. Casi siempre de lo divino. Y si puedes emborracharte, mejor.
Mi propuesta para un buen aperitivo post-funeral pasa porque sea discreto. Nada de derroches de creatividad, de protagonismos imposibles...
Y para eso están las latas... A saber: mejillones (en salsa vieira, por favor, nada de escabeche), navajas y ventresca con pimientos del piquillo.
Para algo caliente que no nos lleve mucho tiempo, siempre es bueno tener a mano unos cuantos huevos. La solución? Tortillas francesas, fáciles y ricas.
Y como detalle esencial, los pimientos de padrón.
Y por supuesto, queso. Mucho queso.
Y vino. Porque la razón de que pongamos tanta comida y único motivo de alegría en una reunión de este tipo, es el vino. En estos casos debe ser un vino tranquilo y discreto. Un típico rioja clásico, por ejemplo. Un vino al que sepamos acostumbrados los paladares de todos los presentes y que no supere los 13% en ningún caso.
Una muy buena opción: Conde del Donadío.
Porque un funeral siempre es un acto social... así que, por qué fingir que no? Al menos, comamos y bebamos. Bien.
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